Una tienda en línea no es una página web con botones de comprar. Es un sistema que tiene que cobrar, avisar, controlar inventario y facturar sin que tengas que estar detrás de cada pedido. Eso es lo que construimos.
Trabajamos con WooCommerce sobre WordPress, que es la plataforma de comercio electrónico más usada del mundo. La razón es práctica: la tienda es tuya y te la puedes llevar. No queda amarrada a una plataforma que te cobra un porcentaje de cada venta ni a un proveedor que es el único que sabe tocarla.
Si además necesitas el sitio institucional, lo hacemos sobre la misma base: mira cómo trabajamos las páginas web y qué incluye el hosting donde va a vivir la tienda.
Casi todo lo que falla en una tienda en línea aparece después de la primera venta, no antes:
Los cuatro se resuelven al construir, y son mucho más caros de arreglar después.
Sí. Se integra la pasarela que contrates; el trámite con el banco o el proveedor de pagos lo haces tú y nosotros hacemos la conexión.
Se puede combinar: la tienda muestra el catálogo y el precio, y el pedido se cierra por donde prefieras.
Sin límite práctico. Hemos trabajado con catálogos de más de dos mil.
Sí, con un canal mayorista: el cliente se registra con RUC, tú apruebas, y a partir de ahí ve sus precios.
Se puede conectar con un sistema de facturación para que cada pedido genere su comprobante sin volver a escribir los datos. Nosotros usamos Quipuy, que es nuestro propio sistema, pero también se conecta con el que ya tengas.
Sí, y suele valer la pena: el probador virtual deja que la clienta se vea con la prenda antes de comprar, que es la objeción que más frena la venta de ropa en línea.